
El uso de ropa interior particular, llamados « garments », sigue siendo obligatorio para los miembros iniciados durante la ceremonia del templo, incluso en la vida cotidiana. El consumo de café, té negro, alcohol y tabaco está estrictamente prohibido desde el siglo XIX, mientras que la poligamia, que antes se practicaba, hoy conduce a la excomunión.
A nivel mundial, la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días cuenta con más de 17 millones de adherentes, repartidos en todos los continentes. Se invita a los jóvenes adultos a realizar una misión voluntaria de 18 a 24 meses, a menudo lejos de su país de origen.
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Orígenes y evolución del mormonismo: comprender una fe singular
El mormonismo tiene sus raíces en la primera mitad del siglo XIX, en una tierra marcada por la efervescencia religiosa: el estado de Nueva York. En 1830, Joseph Smith funda la primera iglesia, asegurando haber traducido el libro de Mormón a partir de revelaciones divinas. La historia no se desarrolla a puerta cerrada: enfrentados a la hostilidad y a expulsiones, los primeros creyentes atraviesan Ohio, luego se establecen en Nauvoo, Illinois, antes de migrar hacia el oeste bajo la dirección de Brigham Young, tras la brutal muerte de Smith. El periplo concluye en Salt Lake City, que se convierte en el centro neurálgico de la comunidad.
La trayectoria del mormonismo da testimonio de su capacidad para negociar con la realidad social y política americana. Cuando Wilford Woodruff, cuarto presidente de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, proclama en 1890 el fin oficial de la poligamia, no se trata de un simple gesto simbólico: es la llave para un reconocimiento más amplio, sin que la doctrina o la estructura interna se diluyan en el conformismo reinante.
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Con el tiempo, el estilo de vida y las reglas de los mormones se revelan, lejos de los estereotipos. Tradición y adaptación se entrelazan, impulsadas por figuras como Smith, Young o Woodruff: cada uno encarna a su manera la perseverancia de un grupo minoritario, forjando su lugar a través de marchas forzadas, rupturas y la búsqueda de una sociedad a la vez diferente y unida. De la sombra de las persecuciones a la construcción de una utopía concreta, esta historia sigue alimentando la dinámica interna de la Iglesia. Para quien quiera comprender esta evolución, basta con profundizar en el estilo de vida y las reglas de los mormones, tal como se presentan en « Vida de los mormones: descubre las reglas locas y poco conocidas que los rigen – Live Infos ».
¿Cuáles son las creencias y prácticas que distinguen a los mormones?
Lo que distingue al mormonismo es su corpus de textos y la manera en que da forma a la vida cotidiana. A la Biblia, los creyentes añaden el libro de Mormón, recibido por Joseph Smith en 1829: este texto complementa la revelación y funda la doctrina de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
Su estilo de vida se basa en reglas explícitas, que la Palabra de Sabiduría estructura. Aquí están las directrices que enmarcan la vida de los miembros:
- La prohibición de consumir alcohol, tabaco, café y té, en nombre de una higiene física y espiritual.
- La práctica del diezmo: cada fiel aporta el 10% de sus ingresos a la Iglesia, reforzando la autonomía y la solidaridad del grupo.
- Una organización del sacerdocio que confiere muy pronto responsabilidades religiosas a los varones, mientras que las mujeres se involucran en la Sociedad de Socorro, pilar de la red de ayuda mutua.
- El compromiso misionero, con cerca de dos años dedicados a propagar la fe, a menudo lejos de casa.
Los ritos marcan la existencia: bautismo por inmersión, confirmación por imposición de manos, participación semanal en los sacramentos, ceremonias en los templos. Son tantas etapas que forjan la identidad colectiva. El estilo de vida mormón se manifiesta por esta fidelidad a las prácticas, por una disciplina asumida al servicio de un ideal comunitario sólido.

Más allá de los clichés: ¿cómo viven los mormones su fe en el día a día?
Vivir dentro de la comunidad mormona es inscribirse en un ritmo donde los puntos de referencia son claros y el vínculo social es omnipresente. El domingo no se parece a ningún otro: cada semana, los miembros se reúnen en la capilla de su barrio o de su rama, según el tamaño del grupo. El día alterna oficios, compartir pan y agua, tiempo de estudio y momentos de intercambio. Es aquí donde la vida colectiva cobra todo su sentido: las responsabilidades circulan, la palabra se comparte, cada uno encuentra su lugar.
El lunes por la noche, la familia se reúne para una velada reservada: lecturas de los textos fundacionales, cantos, discusiones sobre los desafíos venideros. Es la ocasión para que los más jóvenes hagan preguntas, expresen sus dudas, en un espacio acogedor. Las mujeres, a través de la Sociedad de Socorro, ocupan un papel central: orquestan la ayuda mutua, visitan a las familias, organizan colectas o brindan apoyo moral. La solidaridad se encarna en gestos concretos, lo más cerca posible de las necesidades.
Las elecciones alimentarias no son simplemente un hábito: guiados por la Palabra de Sabiduría, los miembros se abstienen de alcohol, café y tabaco. Esta sobriedad, lejos de ser accesorio, se convierte en la base de un estilo de vida compartido, concebido como un anticipo del reino de Dios en la tierra. La implicación va más allá: cada uno es alentado a ofrecer su tiempo, a participar en la vida del grupo, a apoyar a los más vulnerables. Esta dinámica de generosidad estructura la comunidad, desde Utah hasta Nueva York, y da forma a una vida cotidiana tejida de lazos fuertes.
Al final, el estilo de vida mormón no se limita a una lista de reglas: se expresa en la constancia, la disciplina y la preocupación por la unidad. Allí donde otros ven restricciones, los miembros encuentran una brújula. En las rutas del Oeste o en los barrios de Salt Lake City, la fe se encarna en cada gesto, cada elección, cada compromiso compartido. Un anclaje que, para sus adeptos, no flaquea con el tiempo.